
OPINIÓN: por German Riccobelli
Los accidentes de tránsito con saldos lamentables por la pérdida de vidas humanas y graves perjuicios materiales no parecen ser suficientes para que de una vez por todas se tome conciencia.
Los accidentes de tránsito con saldos lamentables por la pérdida de vidas humanas y graves perjuicios materiales no parecen ser suficientes para que de una vez por todas se tome conciencia.
Santiago del Estero, al igual que el resto de las provincias, casi a diario engrosa las frías y horrorosas estadísticas de personas fallecidas a causa de tragedias en rutas nacionales, provinciales e incluso caminos rurales.
Lamentablemente, las medidas que se puedan tomar y poner en práctica desde los distintos estamentos estatales para contrarrestar este flagelo nunca serán suficientes, ni las normas contempladas dentro de la Ley Nacional de Tránsito, ni las reglamentaciones que pudieran tener en cada provincia o municipio, ni las infraestructuras más adecuadas, ni los vehículos “superseguros”.
Más allá de que nuestras carreteras y algunos medios de transporte no sean lo suficientemente seguros, los argentinos somos “los campeones mundiales” en infringir las leyes, y esto es un serio agravante a la situación.
Basta con citar la gran cantidad de conductores que transitan por rutas nacionales con las luces apagadas durante el día, contrariando lo que indica la Ley Nacional de Tránsito Nº 24.449. Está claro que esta irresponsabilidad que se puede constatar con sólo transitar unos kilómetros por la cinta asfáltica pone en riesgo su vida y la de terceros.
Sería muy positivo revertir esta situación con el compromiso de todos y en especial con el de cientos de personas que a diario tienen contacto directo con los conductores.
A modo de ejemplo se puede señalar a los expendedores de combustibles, playeros y personal de seguridad de las estaciones de servicio; a los mozos, cajeros y personal de limpieza de los paradores y bares que se encuentran a la vera de las rutas; a los cobradores y auxiliares de las estaciones de peajes; a los efectivos de las fuerzas de seguridad y operarios de básculas de los controles camineros; etc.
A modo de ejemplo se puede señalar a los expendedores de combustibles, playeros y personal de seguridad de las estaciones de servicio; a los mozos, cajeros y personal de limpieza de los paradores y bares que se encuentran a la vera de las rutas; a los cobradores y auxiliares de las estaciones de peajes; a los efectivos de las fuerzas de seguridad y operarios de básculas de los controles camineros; etc.
Si a cada conductor que llegue a cualquiera de los lugares antes citados con las luces apagadas durante el día, este “ejército de concientizadores” le recordara que debe transitar con las luces de su vehículo encendidas, seguramente contribuirá a aumentar la seguridad en las rutas, a crear conciencia y a evitar la pérdida de vidas humanas por negligencia.
Sólo resta que la teoría sea llevada a la práctica entre todos. Encender las luces bajas durante el día en las rutas contribuirá a erradicar un error que se paga con la moneda más cara: la vida.-
Publicado en Diario El Liberal y El Liberal On-Line el 01-07-07