Como presagiando la suerte que correría el equipo nacional el cielo en nuestra ciudad hoy no amaneció celeste ni con sol radiante. Fue lo opuesto: una densa y fría niebla nos envolvió casi toda la mañana, y así se mantuvo hasta pasado el medio día. El silencio y la desolación ganaron las calles, solo lejanos sonidos intentaban quebrar la desazón de la derrota.
Pero el fútbol es el fútbol y por más que hagamos mil y una conjeturas la moneda ya cayó por el lado que no esperábamos.
Solo resta masticar la bronca, entender lo inentendible y con los dientes apretados, el puño cerrado y el corazón duro; más duro que nunca levantar la celeste y blanca con inconmensurable orgullo argentino.
MAS QUE NUNCA VAMOS ARGENTINA!!!